7 de cada 10 trabajadores son informales en Perú (70%).
Menos de 3 de cada 10 lo son en Chile (26%).
A raíz de la prioridad y la inversión que venimos haciendo en Chile, me he dedicado a estudiar ese mercado mucho más a fondo. Y apareció un segundo dato perturbador que surgió luego de varias conversaciones geniales con amigos por allá.
Cerca del 70% del patrimonio de las familias más ricas de Perú está invertido fuera del país (Fuente: BCG). En Chile ocurre lo contrario: la gran mayoría de la riqueza se queda y se reinvierte dentro de casa. Solo 7,2% está afuera (unos US$28,636 millones), y el resto del capital se gestiona principalmente dentro del país (Fuente: RPP)
Dos métricas, dos síntomas que hablan muchísimo sobre la diferencia entre estos dos países.
Por un lado, la informalidad en Perú, vista desde otro ángulo, es la prueba de que somos un pueblo que no pide permiso para crear. Un país donde sobra talento, energía y una capacidad creativa descomunal para buscar salir adelante. Emprendedores por naturaleza.
Por otro lado, Chile nos enseña algo extremadamente valioso y más difícil de ver porque se construye en décadas: Una institucionalidad que con subidas y bajadas se viene consolidando y respetando por muchos años. Se trata de reglas que sobreviven a los gobiernos. Esa, para mí, es la verdadera diferencia detrás de la cifra.
Por eso Chile ha sido y seguirá siendo un mercado clave para nosotros. Meritocrático, de gente que se la juega, con amor por el "mateo" (el chancón, como le decimos por aquí).
Hoy, como sabemos, el Perú se debate entre dos candidatos. Y seamos honestos: ninguno entusiasma a la mayoría.
Sin embargo, el reto de fondo no se juega en esta elección. Por encima de quién gane, quienes lideramos empresas, equipos y proyectos tenemos una sola tarea: contribuir, con nuestro comportamiento y nuestras decisiones, a construir instituciones tan sólidas que generen confianza en lo fundamental —igualdad ante la ley, transparencia, honestidad, cumplir lo que se promete—, sin importar quién gobierne, siendo fiscalizadores y alzando la voz cuando algo salga de esa línea de construcción de valor compartido.
El Perú que queremos construir empieza en cómo edificamos, todos los días, las reglas que nos hacen confiar. Unos en otros. Y en el futuro.
Hoy más que nunca hace falta una estrategia multi-inteligente para el Perú.
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